Hacer el bien por la fuerza. Por Errico Malatesta

Errico Malatesta
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Sobre hacer el bien por la fuerza

1894

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Donde digo que “nuestras ideas nos obligan a poner todas nuestras esperanzas en las masas, pues no creemos en la posibilidad de imponer el bien por la fuerza, ”han añadido ustedes “por el momento al menos”. Queriendo decir que, más adelante, una vez que seamos los más fuertes, hemos de imponer el Bien…o lo que sea que creamos que sea tal, por la fuerza.

¿Cuál,en ese caso, es la diferencia entre nosotros y los partidos autoritarios? Nosotros somos anarquistas porque sostenemos que nadie es dueño de la verdad absoluta, y nadie está bendito de infalibilidad; porque creemos que el tipo de arreglo social que haya de responder mejor a las necesidades y sentimientos de todos, puede solo ser resultado —el siempre ajustable resultado—  del libre juego de todas las partes interesadas; y porque creemos que la fuerza embrutece tanto al usuario como al objetivo, mientras que solo por medio de la libertad y de la responsabilidad que deriva de ella pueden las personas mejorarse moral e intelectualmente así mismas al punto en que ya no pueden más tolerar gobiernos.

Además, si, como parecen ustedes reconocer, vendrá un día en el que nosotros también podamos e impongamos nuestras ideas por la fuerza, ¿cuáles, precisamente, son las ideas que serán impuestas?  Las mías, digamos, o las ideas del compañero A o el compañero B!… Pues concordarán en que no hay cuatro anarquistas que vean completamente ojo a ojo uno con otro; lo que es muy natural, por lo demás,y un signo de la vitalidad del movimiento.

Pensé que el punto esencial sobre el cual concordábamos todos y que nos hacía anarquistas era este principio: sin imposición y sin fuerza otra que la fuerza del argumento y el ejemplo. Si me equivoco aquí, no veo que haya mucho más en el anarquismo.

Ahora, si —quizás por alguna falta de claridad de mi parte — ustedes pensaron que me refería a la fuerza como medio necesario para eludir la fuerza del gobierno, y para poner todos los medios de producción actualmente acaparados por unos pocos a punta de bayoneta a disposición de todos y abrir el camino a la evolución social libre con la contribución de todos, entonces nuevamente objeto la frase “por el momento al menos, ”que me han atribuido. No fue mi intención en el artículo ir hacia el asunto del recurso a las armas; y bien podría ser que soy de la opinión de que, en ciertos países y en ciertas circunstancias, en este momento podría ser el momento correcto para protegerse de la violencia con la violencia.

Confío, queridos compañeros, en su sentido de justicia y su amor a la verdad en la publicación de esta carta. Como yo, pensarán ustedes que la mejor manera en que nos familiaricemos y alcancemos la mayor medida posible de acuerdo entre nosotros, es dejar a cada persona la libertad de articular sus pensamientos tal como son, sin ningún tipo de censura.

Los mejores deseos para ustedes y para la causa.


Texto recuperado el 7 de octubre de 2014 desde rebeldealegre.blogspot.com Publicado originalmente en octubre de 1894. Traducido por @rebeldealegre desde el libro The Method of Freedom: An Errico Malatesta Reader.

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Anarquismo: lo que realmente significa. Por Emma Goldman

Emma Goldman

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Anarquismo: lo que realmente significa

1910
Recuperado el 2 de febrero de 2013 desde
inventati.org/ingobernables

Siempre despreciado, maldecido, nunca comprendido

Eres el terror espantoso de nuestra era.
«Naufragio de todo orden», grita la multitud,
«Eres tú y la guerra y el infinito coraje del asesinato».
Oh, deja que lloren. Para esos que nunca han buscado
La Verdad que yace detrás de la palabra,
A ellos la definición correcta de la palabra no les fue dada.
continuarán ciegos entre los ciegos.
Pero tú, Oh palabra, tan clara, tan fuerte, tan pura,
Vos dices todo lo que yo, por meta he tomado.
¡Te entrego al futuro! Tú eres segura.
Cuando uno, por lo menos despertará por sí mismo.
¿Viene en la solana del atardecer? ¿En la emoción de la tempestad?
¡No puedo decirlo — pero ella la tierra podrá ver!
¡Soy un anarquista! Por lo que no reinaré,
¡y tampoco reinado seré!
John Henry Mackay
La historia del desarrollo y crecimiento humano es, a la vez, la historia de la lucha terrible de cada nueva idea anunciando la llegada de un muy brillante amanecer. En su agarre persistente de la tradición, lo Viejo con sus medios más crueles y repugnantes pretende detener el advenimiento de lo Nuevo, cualesquiera sean la forma y el período en que aquel se manifieste. Tampoco necesitamos recaminar nuestros pasos hacia el pasado para darnos cuenta de la enormidad de la oposición, las dificultades y adversidades puestas en el camino de cada idea progresista. La rueca, la tuerca y el azote
permanecen con nosotros; al igual que el ajuar del convicto y el coraje social, todos conspirando en contra del espíritu que va marchando serenamente.
El anarquismo no podía tener la esperanza de escapar el destino de todas las demás ideas innovadoras. Por supuesto, como el innovador de espíritu más revolucionario, el Anarquismo necesariamente debe topar con la ignorancia y el envenenado rechazo del mundo que pretende reconstruir.
Para rebatir, aún de manera escueta, con todo lo que se está diciendo y haciendo contra el Anarquismo, sería necesario un volumen entero. Por lo tanto, solamente rebatiré dos de las objeciones principales. Al así hacerlo, trataré de aclarar lo que verdaderamente quiere decir Anarquismo.
El extraño fenómeno de la oposición al Anarquismo es el que trae a la luz la relación entre la llamada inteligencia y la ignorancia. Y aún esto no es tan extraño, cuando consideramos la relatividad de las cosas. La masa ignorante tiene a su favor que no pretende simular conocimiento o tolerancia. Actuando, como hace siempre, por puro impulso, sus razonamientos son como los de los niños. «¿Por qué?» «Porque sí». Aún así, la oposición del no educado hacia el Anarquismo merece la misma consideración que la del hombre inteligente.

¿Cuáles son, pues, las objeciones? Primero, el Anarquismo no es práctico, aunque sea una idea muy atrayente. En segundo lugar, el Anarquismo equivale a violencia y destrucción, por lo que debe ser rechazado por vil y peligroso. Tanto el hombre inteligente como la masa ignorante juzgan no a partir de un conocimiento profundo del tema, sino de rumores o falsas interpretaciones.
Un esquema práctico, dice Oscar Wilde, es uno que ya tiene existencia, o una forma que podría llevarse a cabo bajo las condiciones existentes; pero son exactamente esas condiciones que uno objeta y cualquier propósito que pudiese aceptarlas necesariamente es incorrecto y una locura. El verdadero criterio de lo práctico, por lo tanto, no es si puede mantener intacto lo incorrecto e imprudente; hasta cierto punto consiste en averiguar si el esquema tiene la vitalidad suficiente para abandonar, dejar atrás las aguas estancadas de lo viejo y edificar, al igual que mantener, una nueva vida. A la luz de esta concepción, el Anarquismo es definitivamente práctico. Más que ninguna otra idea, es de ayuda acabar con lo equívoco e irracional; más que ninguna otra idea, está edificando y manteniendo nueva vida.
Las emociones del hombre ignorante se ven contínuamente aplacadas por las historias sangrientas del Anarquismo. Nada hay demasiado ofensivo para ser aplicado en contra de esta filosofía y sus oponentes. Por lo tanto el Anarquismo representa para el no-pensante, lo que el proverbial malvado, hace al niño, un monstruo oscuro empeñado en tragarlo todo; en pocas palabras, destrucción y violencia.
¡Destrucción y violencia! ¿Cómo va a saber el hombre ordinario, que el elemento más violento en la sociedad es la ignorancia; que su poder de destrucción es justamente lo que el Anarquismo está combatiendo? Tampoco, no está al tanto de que el Anarquismo; cuyas raíces, como fuesen, son parte de las fuerzas naturales, destruyen, no células saludables, sino el crecimiento parasítico, que se nutre de la misma esencia de la vida social. Está meramente librando el suelo de yerbajos y arbustos para eventualmente producir fruta saludable. Alguien ha dicho que se requiere menos esfuerzo mental
para condenar, que lo que se requiere, para pensar. La indolencia mental esparcida mundialmente, tan prevaleciente en la sociedad nos prueba una vez más que este hecho es demasiado cierto. En vez de ir al significado de cualquier idea dada, para examinar su origen y razón de ser; la mayoría de las personas, la condenarán enteramente, o dependerán de definiciones de aspectos no esenciales superficiales o llenas de prejuicios.
El Anarquismo reta al hombre a pensar, a investigar, a analizar cada proposición; pero para no abrumar al lector medio también comenzaré con una definición y luego elaboraré sobre lo último.
Anarquismo: la filosofía de un nuevo orden social basado en la libertad sin restricción, hecha de la ley del hombre; la teoría que todos los gobiernos descansan sobre la violencia y por lo tanto son equívocos y peligrosos, al igual que innecesarios.
El nuevo orden social descansa, por supuesto, en la base materialista de la vida, pero mientras todos los Anarquistas concuerdan en que el mal actual es uno económico; mantienen que la solución a esa maldad puede conseguirse solamente bajo la consideración de cada fase de la vida, individual, al igual que colectiva; la interna, al igual que la fase externa.
Un escrutinio a fondo de la historia del desarrollo humano descubrirá dos elementos en un agrio conflicto el uno contra el otro, elementos que ahora comienzan a ser entendidos, no como extranjeros entre sí, pero estrechamente relacionados y verdaderamente armoniosos, si son colocados en ambientes propios: de los instintos individuales y los sociales. El individuo y la sociedad han mantenido una guerra persistente y sangrienta por la supremacía, porque cada uno estaba ciego ante el valor y la importancia del otro. Los instintos individuales y sociales; el primero, el factor más poderoso para la iniciativa individual, su crecimiento, sus aspiraciones y auto-realización; el segundo, un factor igualmente importante para la ayuda mutua y el bienestar social.

No se está lejos de encontrar explicación a la tormenta desatada dentro del individuo, y entre este y su entorno. El hombre primitivo, incapaz de entender su ser, menos aún la unidad de toda la vida, se siente absolutamente dependiente de fuerzas ciegas y escondidas, siempre listas para burlarse y ridiculizarle. De esas actitudes crecieron los conceptos religiosos del hombre, como una mera partícula de polvo, dependiente en los poderes supremos elevados que solo pueden se aplacados a través de la sumisión a su voluntad. Todas las sagas tempranas sobre esa idea, que continúan siendo el
Leitmotiv de las historias bíblicas, bregando con la relación del hombre con Dios, con el Estado y con la sociedad.
Otra vez el mismo motivo, el hombre es nada, los poderes son todo. Entonces, Jehová solamente tolerará al hombre que manifiesta la condición de entrega completa. El hombre puede tener todas las glorias de la tierra. El Estado, la Sociedad, y las Leyes Morales, todas cantan el mismo refrán: El hombre puede tener todas las glorias de la tierra, pero no podrá ser consciente de sí mismo.
El Anarquismo es la única filosofía que devuelve al hombre la consciencia de sí mismo, la cual mantiene que Dios, el Estado y la Sociedad no existen, que sus promesas son vacías y sin valor, ya que pueden ser logradas solo a través de la subordinación del hombre. El Anarquismo, por lo tanto, es el maestro de la unidad de la vida, no meramente en la naturaleza, sino también en el hombre. No ha conflicto entre los instintos sociales e individuales, no más de los que existen entre el corazón y los pulmones: el uno, el receptáculo de la esencia de la preciosa vida; y el otro, el almacén del elemento que mantiene la esencia pura y fuerte. El individuo es el corazón de la sociedad, conservando la esencia de la vida social; la sociedad es el pulmón que está distribuyendo el elemento para mantener la esencia de vida —es decir, al individuo— puro y fuerte.
«La única cosa de valor en el mundo», dice Emerson, «es el alma activa; a la cual todo hombre tiene dentro de sí. El alma activa ve la verdad absoluta y la proclama y la crea». «En otras palabras, el instinto individual es la cosa de valor en el mundo. Es el alma verdadera la que visualiza y crea la vida de la verdad, del cual saldrá una mayor verdad, el alma social renacida.
El Anaquirsmo es el gran libertador del hombre, sin coma de los fantasmas que lo han tenido cautivo; es el árbitro y pacificador de las dos fuerzas para la armonía individual y social. Para lograr esa unidad, el Anarquismo le ha declarado la guerra a las influencias perniciosas, las cuales, hasta ahora, han impedido la armoniosa unidad de los instintos individuales y sociales.
La Religión, el dominio de la mente humana; la Propiedad, el dominio de las necesidades humanas; el Gobierno, el dominio de la conducta humana, representan el baluarte de la esclavitud del hombre y los horrores que le exige. ¡La Religión! Cómo domina la mente humana, cómo humilla y degrada el alma. Dios es el todo, el hombre es nada dice la religión. Pero, de esa nada, Dios ha creado un reino tan déspota, tan tirano, tan cruel, tan terrible, que nada que no sea desastre, lágrimas y sangre han reinado el mundo desde que los dioses comenzaron. El Anarquismo impulsa al hombre a la rebelión en contra de este monstruo negro. Rompe tus cadenas mentales; le dice el Anarquismo al hombre, porque, no va
a ser hasta que tu pienses y juzgues por ti mismo, que saldrás del dominio de la oscuridad, el mayor obstáculo para todo progreso.
La Propiedad, el dominio de las necesidades del hombre, la negación del derecho de satisfacer sus necesidades. El Tiempo nació cuando la propiedad reclamó su derecho divino, cuando vino hacia el hombre con el mismo refrán, igual que la religión, «¡Sacrifícate! ¡Abnégate! ¡Entrégate!» El espíritu del Anarquismo ha elevado al hombre de su posición postrada. Ahora está de pie, su faz hacia la luz. Ha aprendido a ver la insaciable, devoradora y devastadora naturaleza de la propiedad y está preparándose para darle el golpe de muerte al monstruo.
«La propiedad privada es un robo», dijo el gran anarquista francés Proudhon. Sí, pero sin riesgo y peligro para el ladrón. Monopolizando los esfuerzos acumulados por el hombre, la propiedad le ha desposeído de su derecho de nacimiento tornándole en un indigente y un paria. La propiedad ni siquiera posee la excusa tan gastada de que el hombre no crea lo suficiente para satisfacer sus necesidades.

Apenas aprendido el ABC de la economía, los estudiantes ya saben que la productividad del trabajo, durante las últimas décadas, excede por mucho la demanda normal. Pero, ¿qué son demandas normales para una institución anormal? La única demanda que la propiedad reconoce es su propio apetito glotónico para mayor riqueza, porque riqueza significa poder, el poder de someter, de aplastar, de explotar, el poder de esclavizar, de ultrajar y degradar. América se muestra particularmente jactanciosa de su gran poder, su enorme riqueza nacional. Pobre América, ¿de qué vale toda su riqueza, si los individuos que la componen son miserablemente pobres? Viviendo en la asquerosidad, en la suciedad y el crimen; perdida la esperanza y la alegría, deambula un ejército desterrado de presas humanas sin hogar.
Generalmente se considera que, a menos que las ganancias de cualquier negocio excedan su costo, la bancarrota es inevitable. Pero, aquellos comprometidos en el negocio de producir riqueza no han aprendido ni esta simple lección. Cada año el costo de la producción en la vida humana está creciendo más (50.000 asesinados, 100.000 heridos en América el año pasado); las ganancias para las masas, que ayudan a crear la riqueza, se se están reduciendo aún más. Todavía América continúa ciega a la bancarrota inevitable de nuestro negocio de producción. Ni es este el único crimen de estos. Todavía más fatal aún es el crimen de convertir al productor en un mero engranaje de una máquina, con menos deseo y decisión que su organizador de acero y hierro. Al hombre no solo le están robando los productos de su labor, sino también el poder de la libre iniciativa, de la originalidad y el interés en o el deseo por las cosas que está haciendo. La verdadera riqueza consiste en objetos de utilidad y belleza, en cosas que ayuden a crear cuerpos fuertes y preciosos y alrededores que inspiren a la vida. Pero si el hombre está condenado a enrolar algodón alrededor de la rueca, o cavar carbón durante toda su vida, no puede hablarse en ningún caso de riqueza. Lo que da al mundo son solo cosas grises y asquerosas, reflejo de su aburrida y odiosa existencia, muy débil para vivir, muy cobarde para morir. Suena extraño el decirlo, pero hay personas que ensalzan el mortal método de la producción centralizada es el logro de más orgullo de nuestra era. Estos fallan absolutamente, al no enterarse, de que si continuamos con esta docilidad mecánica, nuestra esclavitud será más completa que lo que fue nuestra unión al Rey. Ellos no quieren saber, quela centralización no es solo el toque de muertos de la libertad, pero también de la salud y la belleza, del arte y la ciencia, todas estas siendo imposibles en una atmósfera mecánica parecida a un reloj.
El Anarquismo no puede sino repudiar tal método de producción: su meta es la expresión más libre posible de todos los talentos del individuo. Oscar Wilde define una personalidad perfecta como «una que se desarrolla bajo condiciones perfectas, que no ha sido herida, mutilada ni ha estado en peligro».
Una personalidad perfecta, entonces, solo es posible en un estado de la sociedad, donde el hombre sea libre de escoger el modo de trabajo, las condiciones de trabajo y la libertad para trabajar.
Una, para quien la fabricación de una mesa, o la preparación de la tierra, es como la pintura para el artista y el descubrimiento para el científico, el resultado de inspiración, de intenso deseo y un interés profundo en el trabajo como una fuerza creativa. Siendo ese el ideal del Anarquismo, la organización económica debe consistir en la producción voluntaria y asociaciones distributivas, gradualmente desarrollándose en comunismo libre, como el mejor medio de producción, con el menor de energía humana. Aunque el Anarquismo también reconoce el derecho del individuo, o números de individuos, para acomodar todo el tiempo otras formas de trabajo, en armonía con sus gustos y deseos.
Tal exhibición libre de energía humana es posible solo bajo la libertad completa, individual y social.
El Anarquismo dirige sus fuerzas en contra del tercer y mayor enemigo de toda equidad social, esto es, el Estado, la autoridad organizada o ley estatuaria, el dominio de la conducta humana.
Igual que la religión ha encadenado la mente humana y como la propiedad, o el monopolio de las cosas, ha conquistado y ahogado las necesidades humanas, el Estado ha esclavizado su espíritu, dictando cada fase de conducta. «Todo el gobierno en esencia», dice Emerson, «es tiranía». Sin importar si es gobierno por derecho divino o regla de mayoría. En cada instancia su meta es la subordinación absoluta del individuo.
Refiriédose al gobierno Norteaméricano, el gran Anarquista americano, Henry David Thoreau, dijo: «el Gobierno, qué es sino tradición, aunque una reciente, tentando para transmitirse intacto a la posteridad, pero cada instante perdiendo su integridad; este no tiene la vitalidad y fuerza de un sencillo hombre viviente. La Ley nunca hizo al hombre ni un poco más justo y por su medio de respeto hacia ésa, hasta los bien dispuestos son diariamente convertidos en agentes de la injusticia». Ciertamente, lo crucial del gobierno es la injusticia. Con la arrogancia y suficiencia propia del Rey, el cual no podía hacer el mal, los gobiernos ordenan, juzgan, condenan y castigan las ofensas más insignificantes, mientras, manteniéndose gracias a la más grande de las ofensas, la erradicación de la libertad individual. Por lo tanto, Ouida está en lo cierto, cuando ella mantiene que «el Estado solo busca inculcar las cualidades necesarias en el público por las cuales sus demandas sean obedecidas y sus arcas se vean repletas. Su mayor logro es la reducción del ser humano a un mero mecanismo de relojería».
En su atmósfera, todas esas libertades finas y más delicadas, que requieren tratamiento y una expansión espaciosa, inevitablemente se secan y mueren. El Estado requiere una máquina paga impuestos, en la cual no hay marcha atrás, un fisco sin déficit; un público monótono, obediente, sin color, sin espíritu, moviéndose humildemente, como un rebaño de ovejas en un camino alto y recto entre dos paredes». Pero, hasta un rebaño de ovejas resistiría la vana sutileza del Estado, sino fuera por los métodos opresivos, tiránicos y corruptos que utiliza para servirse de sus propósitos. Por lo tanto, Bakunin
repudia el Estado, le ve como sinónimo de la entrega de la libertad del individuo o de las pequeñas minorías, la destrucción de la relación social, la restricción, o hasta la completa negación, de la vida misma, para su engrandecimiento. El Estado es el altar de la libertad política y como el altar religioso, es mantenido para el propósito del sacrificio humano.
De hecho, no hay casi ningún pensador moderno que no concuerde que el gobierno, la autoridad organizada, o el Estado son únicamente necesarios para mantener o proteger la propiedad y el monopolio. Solo se ha mostrado eficiente en esa función.
Hasta George Bernard Shaw, quien aún cree en un posible milagro del Estado bajo el Fabianismo, aunque admite que «este es al presente, una inmensa máquina para robar y esclavizar al pobre con la fuerza bruta». Siendo este el caso es difícil entender, porqué el inteligente introductor desea mantener el Estado después que la pobreza cese de existir.
Desafortunadamente, todavía hay un número de personas que continúan con la fatal creencia de que el gobierno descansa sobre leyes naturales, que estas mantienen el orden social y la armonía, que disminuye el crimen y que previene que el hombre vago engañe a sus semejantes. Por lo tanto, examinaré este argumento.
Una ley natural es ese factor en el hombre, el cual se afirma a sí mismo libremente y espontáneamente, sin alguna fuerza externa, en armonía con los requisitos de la naturaleza. Por ejemplo, la demanda de nutrición, de gratificación sexual, de luz, de aire y ejercicio es una ley natural. Pero, su expresión no necesita la maquinaria del gobierno, ni tampoco del club, la pistola, las esposas o la prisión. Obedecer tales leyes, si podemos llamarle obediencia, requiere solamente espontaniedad y una oportunidad libre. Que los gobiernos no se mantienen a sí mismos a través de tales factores armoniosos, se prueba
con las terribles demostraciones de violencia, fuerza y coerción que usan todos los gobiernos para poder vivir. Por lo tanto, Blackstone está correcto cuando dice, «las leyes humanas son inválidas, porque estas son contrarias a las leyes de la naturaleza». A menos que sea el orden que se produjo en Varsovia luego de la matanza de miles de personas, es difícil atribuir a los gobiernos la capacidad para el orden o la armonía social. El orden derivado de la sumisión y mantenido con terror poca seguridad garantiza, aunque ese es el único «orden» que los gobiernos han mantenido. La verdadera armonía social crece naturalmente de la solidaridad de intereses. En una sociedad donde esos que siempre trabajan nunca disponen de nada, mientras esos que nunca trabajan disfrutan de todo, la solidadridad de los intereses no existe, de aquí que la armonía social sea un mito. La única forma en que la autoridad organizada enfrenta esta situación grave es

extendiendo todavía más los privilegios a esos que han monopolizado la tierra y esclavizando aún más a las masas desheredadas. De esta manera, el arsenal entero del gobierno —leyes, policía, soldados, las cortes, legisladuras, prisiones— está acérrimamente involucrado en «armonizar» los elementos más antagónicos de la sociedad.
La más absurda excusa para la autoridad y la ley es que sirven para disminuir el crimen. Aparte del hecho de que el Estado es en sí mismo el más grande criminal, rompiendo toda ley escrita y natural, robando en la forma de impuestos, asesinando en la forma de guerra y pena capital, ha llegado a verse completamente superado en su lucha contra el crimen. Ha fallado totalmente en destruir o tan siquiera minimizar el terrible azote de su propia creación. El Crimen no es nada más que energía mal dirigida. Mientras cada institución de hoy día, económica, política, social y moral, conspire para dirigir errádamente la energía humana por canales equívocos; mientras la mayoría de las personas estén fuera de lugar, haciendo las cosas que odian hacer, viviendo una vida que aborrecen vivir, el crimen será inevitable y todas las leyes en los estatutos solamente pueden aumentar, pero nunca terminar con el crimen. Qué sabe la sociedad, como existe hoy día, del proceso de la desesperación, de la pobreza, de los horrores, de la pusilánime lucha que pasa el alma humana en su camino hacia el crimen y la corrupción. Quien conoce este proceso terrible no puede
dejar de ver la verdad en estas palabras de Piotr Kropotkin: «Esos que calcularán el balance entre los beneficios atribuídos a la ley y el castigo y el efecto degradante de este sobre la humanidad; que estimarán el torrente de ruindad
derramado sobre la sociedad humana por el informante, favorecido hasta por el Juez y pagado en moneda resonante por gobiernos, bajo el pretexto de ayuda a desenmascarar el crimen; esos que irán dentro de las paredes de la prisión y allí ver en lo que se han convertido los seres humanos cuando se les priva de su libertad, cuando son sujetos al cuidado de guardianes brutales, con groserías, con palabras crueles, enfrentándose a mil humillaciones punzantes y agudas, concordarán con nosotros que el aparato entero de la prisión y su castigo es una abominación que debe terminar».
La influencia disuasiva de la ley sobre el hombre ocioso es demasiado absurda para merecer alguna consideración. Solamente con liberar a la sociedad del gasto y de los desperdicios que causa mantener a una clase ociosa y del igualmente gran gasto de la parafernalia de protección que esta clase de haraganes requiere, en la sociedad existiría abundancia para todos, incluyendo hasta el individuo ocioso ocasional. Además, está bien considerar que la vagancia resulta o de los privilegios especiales o de las anormalidades físicas y mentales. Nuestro demente sistema de producción patrocina ambos y el fenómeno más sorprendente es que la gente desee trabajar, aún ahora. El Anarquismo aspira
desgarrar al trabajo de su aspecto estéril y aburrido, de su brillo y compulsión. Intenta hacer del trabajo un instrumento de gozo, de fuerza, de armonía real, para que aún el más pobre de los hombres, pueda encontrar en el trabajo recreación y esperanza.
Para lograr tal arreglo de la vida, del gobierno, sus medidas injustas, arbitrarias y represivas deben ser acabadas. Lo mejor que ha hecho es imponer un solo modo de vida, sin importar las variaciones individuales y sociales, además de sus necesidades. Al destruir el gobierno y las leyes estatutarias, el Anarquismo propone rescatar el respeto propio y la independencia del individuo de toda prohibición e invasión por la autoridad. Solo en la libertad puede el hombre alcanzar su completo desarrollo.
Solamente en la libertad aprenderá a pensar y a moverse y a dar lo mejor de sí. Solo en libertad realizará la verdadera fuerza de los lazos sociales,que atan al hombre entre sí y los cuales son la verdadera base de una vida social normal.
Pero, ¿qué hay sobre la naturaleza humana? ¿Puede ser cambiada? Y si no, ¿sobrevivirá bajo el
Anarquismo?
Pobre naturaleza humana, ¡qué crímenes horribles han sido cometidos en tu nombre! Todo tonto, desde el rey hasta el policía, desde la persona más cabezota, hasta el ignorante sin visión de la ciencia, presume hablar con autoridad de la naturaleza humana. Mientras mayor sea el charlatán mental, más definitiva será su insistencia en la iniquidad y debilidad de la naturaleza humana. Pero, ¿cómo puede cualquiera hablar de eso hoy, con todas las almas en prisión, con cada corazón encadenado, herido y mutilado?
Juan Burroughs ha dicho que el estudio experimental de los animales en cautiverio es absolutamente inútil. Su carácter, sus hábitos, sus apetitos pasan por una transformación completa, cuando son arrancados de su suelo en el campo y en el bosque. Con la naturaleza humana enjaulada en un estrecho espacio, batida diariamente hasta la sumisión, ¿cómo podemos hablar de sus potencialidades?
La libertad, la expansión, la oportunidad y sobre todo, la paz y el descanso, solos, pueden enseñarnos los factores dominantes reales de la naturaleza humana y todas sus magníficas posibilidades.
El Anarquismo, entonces, verdaderamente favorece la liberación de la mente humana del dominio de la religión la liberación del cuerpo humano del dominio de la propiedad, la liberación de las cadenas y prohibiciones del gobierno. El Anarquismo representa un orden social basado en la agrupación libre de los individuos, con el propósito de producir verdadera riqueza social, un orden que garantizará a cada humano un acceso libre a la tierra y un gozo completo de las necesidades de la vida, de acuerdo a los deseos individuales, gustos e inclinaciones.
Esto no es una idea salvaje o una aberración mental. Han llegado a tal conclusión multitud de hombres y mujeres inteligentes de todo el mundo, una conclusión resultante de la observación cercana y estudiosa de las tendencias de la sociedad moderna; la libertad individual y la equidad económica, las fuerzas gemelas para el nacimiento de lo que es transparente y verdadero en el hombre.
En cuanto a los métodos. El Anarquismo no es, como muchos pueden suponer, una teoría del futuro a ser logrado a través de la inspiración divina. Es una fuerza de vida en los asuntos de nuestra vida, constantemente creando nuevas condiciones. Los métodos del Anarquismo por lo tanto no contienen un programa, armado de hierro para llevarse a cabo bajo toda circunstancia. Los métodos deben salir de las necesidades económicas de cada lugar y clima y de los requisitos intelectuales y temperamentales del individuo. El carácter calmado y sereno de un Tolstói desearán diferentes métodos para la reconstrucción social, que la intensa, desbordante personalidad de Mijaíl Bakunin o de un Piotr Kropotkin. Igualmente también debe ser aparente que las necesidades económicas y políticas de Rusia dictarán medidas más drásticas que las de Inglaterra o América. El Anarquismo no representa ejercicios militares y uniformidad pero, sí defiende el espíritu revolucionario, en cualquier forma, en contra de todo lo que impida el crecimiento humano. Todos los Anarquistas concuerdan en eso, al igual que están de acuerdo en su oposición a la maquinaria política como un medio de traer el gran cambio social.
«Toda votación», dice Thoreau, «es como jugando, como damas, o backgammon, el juego con el bien y el mal, su obligación nunca excede su conveniencia. Hasta votando por lo correcto es hacer nada por ello. Un hombre sabio no dejará el derecho a la clemencia de la oportunidad, ni deseará que prevalezca a través del poder de la mayoría». Un examen cercano de la maquinaria política y sus logros nos llevarán a la lógica de Thoreau.
¿Qué nos demuestra la historia del parlamentarismo? Nada, excepto la omisión y la derrota, ni hasta una sencilla reforma para mejorar la tensión económica y social de la gente. Se han aprobado leyes y han hecho estatutos para el mejoramiento y protección del trabajo. Así, de este modo, el año pasado se probó en Illinois, con las leyes más rígidas para la protección minera, tuvo los desastres mineros mayores. En Estados donde las leyes del trabajo de los niños prevalecen, la explotación infantil está en unos niveles altísimos y aunque con nosotros los trabajadores disfrutan de oportunidades políticas
completas, el capitalismo ha llegado a su momento cumbre más desvergonzado.
Hasta si los trabajadores pudiesen tener sus propios representantes, qué es, lo que nuestros buenos políticos socialistas están clamando, ¿qué oportunidades hay para su honestidad y buena fe? Una tiene que tener en mente el proceso de la política, para darse cuenta que su camino de buenas intenciones está repleto de peligro latente: maquinaciones secretas, intrigas, adulaciones, mentiras, trampas; de hecho, sofistería de toda índole, donde el aspirante político puede lograr el éxito. Añadido a eso está la desmoralización completa del carácter y las convicciones, hasta que no queda nada, que haría que una tuviese esperanza de tal desamparo humano. Una y otra vez las personas fueron lo suficientemente
tontas en confiar, creer y apoyar hasta su último penique, a los aspirantes políticos, para verse al final traicionados y engañados.
Se puede decir que los hombres íntegros no se convertirían en corruptos en el molino pulverizante político. Quizás no, pero esos hombres estarán absolutamente desamparados para ejercer la más ínfima influencia en nombre de los trabajadores, como ha sido demostrado en numerosos ejemplos. El Estado es el amo económico de sus sirvientes. Los buenos hombres, si los hubiere, o permanecerían fieles a su fe política y perderían su apoyo económico, o se agarrarían de su amo económico mostrándose del todo incapaces de hacer el mínimo bien. La arena política nos deja sin alternativa, una debe ser un burro o un pícaro.
La superstición política todavía domina los corazones y las mentes de las masas, pero los verdaderos amantes de la libertad no tendrán nada que ver con esto. Al contrario, estos creen con Stirner que el hombre tiene tanta libertad como la que quiera tomarse. El Anarquismo, por lo tanto, mantiene la acción directa, el desafío abierto y la resistencia hacia todas las leyes y restricciones económicas, sociales y morales. Pero el desafío y la resistencia son ilegales. Ahí yace la salvación del hombre.
Todo lo ilegal necesita integridad, seguridad propia y coraje. Busca espíritus libres e independientes, a «hombres que son hombres y que tienen un hueso en sus espaldas, el cual no puede atravesarse con la mano».
El sufragio universal mismo debe su existencia a la acción directa. De no ser por el espíritu de rebelión, del desafío por parte de los padres revolucionarios americanos, sus descendientes todavía estarían bajo el cobijo del Rey. Si no fuera por la acción directa de un Juan Brown y sus camaradas, América todavía estaría canjeando la piel del hombre negro. Cierto, el canje de la piel blanca todavía existe, pero, también, tendrá que ser abolido por la acción directa. El sindicalismo, la arena económica del gladiador moderno, le debe su existencia a la acción directa. No fue hasta fechas recientes
que la ley y el gobierno han tratado de aplastar el movimiento sindical y condenado a prisión por conspiradores, a los exponentes del derecho del hombre a organizarse. De haber tratado de lograr su causa rogando, alegando y pactando, los sindicatos serían hoy muy pocos. En Francia, en España, en Italia, en Rusia, hasta Inglaterra testimonia la creciente rebelión de las uniones laborales, la acción directa, revolucionaria, económica se ha convertido una fuerza tan poderosa en la lucha por la libertad industrial que ha conseguido que el mundo se de cuenta de la tremenda importancia del poder
del trabajo. La huelga general, la expresión suprema de la conciencia económica de los trabajadores fue ridiculizada en América hace poco. Hoy toda gran huelga, para ganar, debe darse cuenta de la importancia de la protesta general solidaria. La acción directa, habiendo probado su efectividad en las líneas económicas, es igualmente potente en el ambiente individual. Allí cientos de fuerzas avanzan sobre su ser y solo la resistencia persistente frente a ellas finalmente lo libertará. La acción directa en contra de la autoridad en la tienda, acción directa en contra de la autoridad de la ley, acción directa en contra de la autoridad entrometida, invasiva de nuestro código moral, es el método lógico y consistente del Anarquismo. ¿Nos guiará este a una revolución? Por supuesto, lo hará. Ningún cambio social ha venido sin una revolución. Las personas o no están familiarizadas con su historia, o todavía no han aprendido, que la revolución es el pensamiento llevado a la acción.

El Anarquismo, la gran fermentación del pensamiento, está hoy imbricado en cada una de las fases del empeño humano. La Ciencia, el Arte, la Literatura, el Drama, el esfuerzo para un mejoramiento económico, de hecho toda oposición individual y social al desorden existente de las cosas, es iluminado por la luz espiritual del Anarquismo. Es la filosofía de la soberanía del individuo. Es la teoría de la armonía social. Es el gran resurgimiento de la verdad viva que está reconstruyendo el mundo y nos anunciará el Amanecer.

¿Lucha de clases u odio de clases? Por Errico Malatesta

Errico Malatesta

erricomalatesta

Acerca de mi juicio:¿Lucha de clases u odio de clases?

1921
Recuperado y nueva traducción el 3 de agosto de 2014 desde archivo erricomalatesta.wordpress.com

Publicado originalmente en Umanità Nova,n°137,el 20 deseptiembre de 1921.

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Le expresé al jurado en Milán algunas ideas acerca de la lucha de clases y el proletariado que provocaron críticas y asombro. Es mejor que vuelva a aquellas ideas. Protesté con indignación contra la acusación de incitación al odio; expliqué que en mi propaganda siempre he buscado demostrar que los males sociales no dependen de la maldad de un amo u otro, un gobernador u otro, sino más bien de los amos y los gobiernos como instituciones; por lo tanto, la solución no radica en cambiar de gobernantes, sino que es necesario demoler el principio mismo mediante el cual dominan los hombres sobre los hombres; también expliqué que siempre he resaltado que los proletarios no son individualmente mejores que los burgueses, como lo demuestra el hecho de que un trabajador se comporte como un simple burgués, y peor aún, cuando llega por medio de algún accidente a una posición de riqueza y mando. Tales declaraciones fueron distorsionadas,falsificadas,puestas en aspecto desfavorable por la prensa burguesa,y la razón es clara. El deber de la prensa pagada para defender los intereses de la policía y los tiburones, es ocultarle al público la verdadera naturaleza del anarquismo,y buscar acreditar el cuento de que los anarquistas están llenos de odio y que son destructores; la prensa hace esto por deber, pero tenemos que reconocer que a menudo lo hacen de buena fe,por pura y simple ignorancia. Desde que el periodismo,que alguna vez fue una vocación,se descompuso en mero trabajo y negocio, los periodistas han perdido no sólo su sentido ético, sino también la honestidad intelectual de abstenerse de hablar de lo que no saben. Olvidémonos de escritorzuelos ,entonces,y hablemos de aquellos que difieren de nosotros en sus ideas y, a menudo sólo en su forma de expresar ideas, pero aún siguen siendo nuestros amigos,porque apuntan sinceramente al mismo objetivo que nosotros. El asombro en esta gente es completamente inmotivado,tanto es así que yo tiendo a pensar que es fingido. No pueden ignorar que he venido diciendo y escribiendo estas cosas durante cincuenta años, y que las mismas cosas han sido dicho por cientos y miles de anarquistas, en mi propio tiempo y antes que yo. Hablemos más bien del desacuerdo. Existen personas“orientadas-al-trabajador”,que consideran que tener manos callosas es algo divinamente imbuido de todos los méritos y todas las virtudes; protestan si alguien se atreve a hablar de las personas y de la humanidad, sin jurar en el nombre sagrado del proletariado. Ahora, es verdad que la historia ha hecho del proletariado el principal instrumento del próximo cambio social,y que aquellos que luchan por el establecimiento de una sociedad en la que todos los seres humanos sean libres y estén dotados de todos los medios para ejercer su libertad, deben depender principalmente en el proletariado.

Puesto que hoy el acaparamiento de los recursos naturales y del capital creado por el trabajo de generaciones pasadas y presentes es la principal causa de la sujeción de las masas y de todos los males sociales, es natural que aquellos que no tienen nada y, por tanto,de forma más directa y clara están interesados en compartir los medios de producción,sean los principales agentes de la necesaria expropiación. Por eso dirigimos nuestra propaganda con mayor particularidad a los proletarios, cuyas condiciones de vida, por otro lado,les hace a menudo imposible levantarse y concebir un ideal superior. Sin embargo,este no es motivo para convertir al pobre en un fetiche simplemente porque es pobre; ni es una razón para alentar lo a creer que es intrínsecamente superior,y que alguna condición que con seguridad no provenga de su mérito o su voluntad, le da el derecho a hacer mal a los demás porque los otros le hicieron mal a él.La tiranía de las manos callosas(que en lapráctica sigue siendo la tiranía de algunos que ya no tienen las manos callosas,aunque alguna vez las tuvieran),no sería menos dura y malvada,y no conllevaría males menos durables que la tiranía de los guantes.Tal vez sería menos ilustrada y más brutal: eso es todo. La pobreza no sería la cosa horrible que es, si esta no produjera el embrutecimiento moral como también el daño material y la degradación física, cuando se prolonga de generación en generación. El pobre tiene defectos distintos a aquellos producidos en las clases privilegiadas por la riqueza y el poder, pero no mejores. Si la burguesía produce a unos Giolitti y Graziani y una larga sucesión de torturadores de la humanidad, desde los grandes conquistadores hasta los ávidos y chupa sangres ruines patrones,esta también produce a unos Cafiero, Reclus y Kropotkin,y la multitud de personas que,en toda época sacrificaron sus privilegios de clase por un ideal. Si el proletariado ha dado y da tantos héroes y mártires a la causa de la redención humana, también produce a las guardias blancas, a los matarifes, a los traidores de sus propios hermanos,sin los cuales la tiranía burguesa no podría durar un solo día. ¿Cómo puede el odio ser elevado a un principio de justicia, a un ilustrado espíritu de demanda, cuando es claro que el mal está por todas partes, y que depende de causas que van más allá de la voluntad y responsabilidad individual? Que haya tanta lucha de clases como uno desee, si por lucha de clases entendemos la lucha de los explotados contra los explotadores por la abolición de la explotación.Esa lucha es una forma de elevación moral y material,y es la principal fuerza revolucionaria en la que se pueda tener confianza. Que no haya odio, sin embargo,porque el amor y la justicia no pueden surgir del odio.El odio trae la venganza,el deseo de estar sobre el enemigo,una necesidad de consolidar la propia superioridad. El odio sólo puede ser el cimiento de nuevos gobiernos,si uno gana,pero no puede ser la base de la anarquía. Lamentablemente,es fácil comprender el odio de tantos desdichados cuyos cuerpos y sentimientos son atormentados y rentados por la sociedad:sin embargo, tan pronto como el infierno en que viven es iluminado por un ideal,el odio desaparece y se asoma un ardiente deseo de lucha por el bien de todos. Por esta razón no pueden hallarse personas que realmente odien entre nuestros compañeros,aunque hay muchos retóricos del odio.Son como el poeta,que es un padre bueno y pacífico,pero que canta sobre el odio,porque esto le da la oportunidad de componer buenos versos…o tal vez malos.Hablan de odio,pero su odio está hecho de amor. Por esta razón los amo,incluso cuando me insultan.